Para quienes amamos la radio y la peculiar relación que se establece entre oyente y locutor, la supresión de un programa que nos gusta o la ausencia de un locutor al que consideramos un amigo suponen pequeños dramas, pequeños transtornos que modifican nuestras rutinas y que a veces nos puede llevar tiempo superar. La desaparición de "El ambigú" (tras dieciocho años) y la marcha de Diego Manrique de Radio 3 es una pérdida irreparable no solo para sus oyentes, sino también para la Cultura en general pues desaparece un referente, uno de los pocos espacios de los que uno despone para ampliar sus horizontes sonoros, para escuchar Música, descubrir artistas y canciones o escuchar otros ritmos, y hacerlo además con sabiduría, elegancia y erudición. Nos queda haberle escuchado durante años (como a Jose Maria Rey, a Ángel Álvarez, Jesús Ordovás y tantos otros) haber disfrutado y aprendido. Suerte y gracias.
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